Somos fotógrafos de bodas en Santiago de Compostela, pero nuestro trabajo nos puede conducir tan lejos como grande sea el entusiasmo de los novios. Estaremos a vuestro lado antes, durante y después del día de vuestra boda, y queremos escuchar todos los detalles que habéis preparado para contar bien vuestra historia.
Nuestro estilo es moderno, elegante, periodístico y en busca siempre de la diversión y las emociones reales.
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Para comprender cómo un chico mexicano recién llegado a los Estados Unidos, pudo convertirse en concertista de guitarra y en uno de los fotografos de boda más glamorosos y cotizados de Beverly Hills; es necesario aclarar que no estamos hablando del típico inmigrante que se conforma con la larga serie de “imposibles” que para este grupo social tienen reservados la vida y un puñado de leyes absurdas.

Más bien hablamos de un ejemplar digno de un manual de autoayuda; de esos que se venden como pan caliente y que por alguna incomprensible razón no nos convierten al final, en millonarios. Es que según Valenzuela, “éxito” aparece primero que “trabajo” solo en el diccionario. –ingeniosa manera de decirnos que si algo queremos, tenemos que currárnoslo. Y fue exactamente eso lo que él hizo con notorio éxito. Primero se inventó su propio método para aprender guitarra y tiene que haber practicado como un descosido para en cosa de seis meses poder dominar los misterios de sus seis cuerdas con el suficiente decoro como para impartir clases y cobrar por ello. Luego imaginó que si configuraba un método similar de aprendizaje; pero aplicado a la fotografía de boda, iba a repetir su hazaña anterior y convertirse en poco tiempo en un iluminado de la luz y el color.


Para no darle más vueltas al asunto, mejor será decir que lo hizo y que lo superó con creces. Hoy Roberto Valenzuela es un maestro entre miles de fotografos de boda; un verdadero monstruo del perfeccionismo, la incesante observación y la curiosidad de un niño. No tiene empacho ninguno en utilizar un racimo de plátanos y un oso de peluche como los modelos perfectos para practicar en casa. –No se quejan –dice- no hay que pagarles nada y jamás se cansan- Su secreto está en la PRÁCTICA, PRÁCTICA, PRÁCTICA, y más PRÁCTICA de un método –correcto eso sí- para aprender. Usa las escobas, al señor de la limpieza si está de buenas ese día, locaciones impensables, escaleras desprovistas de encanto, el polvo que levanta un coche en el camino, una bombilla desnuda en un local deprimente… todo le vale para sacar al final las fotos más inesperadas y espectaculares del panorama bodil norteamericano.








De más está decir que su paso por bodaf dejó más surcos que huellas y una estela bien nutrida de admiradores. La sala ya estaba llena cuando comenzó su ponencia, pero media hora más tarde ¡estaba repleta! De pronto vi gente de pie en todas las esquinas y justo es decir que no se escuchaba una mosca. Los detalles de su método pasaron frente a nuestros ojos como una revelación y aquellas tres horas se quedaron cortas. Mientras lo escuchaba hablar, no podía más que maldecirme y felicitarme al mismo tiempo. Fui tan poco previsora que olvidé cargar las baterías de mi grabadora antes de salir del hotel y así perdí la oportunidad de grabar una de las ponencias más brillantes que se escucharon durante el congreso. Al mismo tiempo, me tranquilizaba la idea de que al día siguiente iba a participar en su taller “Rompecabezas”. ¡Cuánto me alegré de haberle escogido a él en medio de tantos otros excelentes talleres!
A lo largo de tres horas que duró su ponencia, nos mostró cómo jugar con las sombras, los reflejos, cómo disimular los colores chillones, cómo fotografiar a la novia bajo el ángulo ideal, el correcto, el más favorecedor para ella; y cómo hacer para que el novio no le destroce la mano sin darse cuenta mientras lo dirige con sutileza y le hace caminar al lado de la novia con la mayor prestancia de que un hombre es capaz.
Aprendimos su manera de “entender” la luz y de utilizarla a nuestro favor aún en las peores condiciones. Cómo prepararnos para detectar la geometría del fondo, los colores, la luz y los patrones que pueden convertir el escenario donde vamos a tomar las fotos en una composición perfecta. Valenzuela se apoya en las reglas de toda la vida para romper paradigmas y convierte las poses que durante años cultivaron los fotógrafos de moda y publicidad, en un mundo diferente aplicado a las bodas y en personas que nunca antes han posado frente a una cámara. Su visión es la del artista que no se conforma con el encuadre de todos. Es un buscador incansable de geometrías, repeticiones y claroscuros, de detalles que la mayoría pasaría por alto, pero que su ojo entrenado detecta en el momento mismo de su llegada al lugar donde va a tener lugar la sesión de fotos.
Al día siguiente, después de tres horas y media de taller, cuando le dijeron que era hora de acabar, todos nos quedamos con deseos de más. Creo que él también tenía ganas de continuar enseñando. No parecía cansado y fue tan generoso que nos ofreció un espacio en cualquier boda que se le diera en España. Necesitaríamos una pareja igual de generosa que nos aceptase a todos… aunque eso parecería más un taller que una boda, pero igual se le agradece el gesto.
Todo este post tan largo, va dirigido sobre todo a los muchos fotografos de boda que aún queriendo, no pudieron estar en bodaf. Es importante que si Valenzuela vuelve a España, no se pierdan esas horas inapreciables de aprendizaje con él. Puesto que soy optimista, creo que eso está dentro de las posibilidades y si sucede, voy a ser la primera en asistir y espero que las fotos me queden mejor que las de este taller.
Gracias, Roberto Valenzuela por compartir con nosotros tu método para aprender, tu curiosidad, tu perfeccionismo, y sobre todo, por la sencillez y la modestia de tu carácter.
por Susana Paz