Fue una de esas tardes de otoño gallegas, tan curiosas… la semana anterior estuvo lloviendo sin parar y el camino de subida hacia las Torres de Altamira, en Brión, aún rezumaba humedad entre la tierra y el colchón de hojas de color ocre que lo cubría.
Pero esa tarde había brillado el sol y calentado la tierra con una fuerza propia del verano. Todo presagiaba que habría una espectacular puesta de sol. Así que allá nos fuimos, esta pareja de chicos y yo, casi a punto de caer la noche, en busca de las mágicas ruinas, para tomar fotos con otra temperatura y color.
por susana
3 comentarios